De tribus distribuidas

May 09, 06 by Max Villegas

La endogamia
Hace poco más de un año le decía a un amigo que “la escritura es paradógica: tan simple como decir algo de principio a fin y tan compleja como los escollos de un laberinto. Hay que abrir y cerrar puertas, optar por obvios atajos o mapas imaginarios”. Lo más importante, sin embargo, es tener algo que contar. Sin eso, todo lo demás se diluye.

Hoy no quiero periecias, porque hablar de la blogosfera es como meterse en una camisa de once varas y temo perderme en el peor laberinto borgiano, el de Asterion. La blogocosa es endogámica, las estadísticas sobran y la democratización de la información es un cuento tan viejo como Cervantes.

Perdón, se me olvidaba que los canales tradicionales, por los cuales transita gran parte de la información y el conocimiento, son unidireccionales y manejados por las eminencias máximas en el arte de las tijeras y el liquid papper y, más grave aún, se me olvidaba que este mismo espacio no podría existir si no fuese por esta info-revolution llamada blogosphere.

¡Y yo que no quería peripecias!

Un poco de historia
Platón escribió en el Fedro que los libros son como figuras pintadas, “que parecen vivas, pero no contestan una palabra a las preguntas que les hacen”. Borges reseña, a propósito de este diálogo filosófico, que “el maestro elige al discípulo, pero el libro no elige a sus lectores, que pueden ser malvados o estúpidos”.

Se puede deducir de lo dicho que el paso de la tradición oral griega a la tradición escrita (en un principio manuescrita) no fue un proceso exento de conflictos ni homogéneo, sino que fue un lento transitar lleno de sobresaltos. Clemente de Alejandría, por ejemplo, a fines del siglo II todavía hace eco del recelo platónico cuando plantea que “escribir en un libro todas las cosas es dejar una espada en las manos de un niño”. No es difícil imaginar que, al cabo de pocos siglos, este juicio fuese la justificación para que los libros pasaran a ser objetos de culto entre clérigos y eruditos.

Este culto de la letras, conocido como el Mester de Clerecía (ss. XIII – XIV), tiene, no obstante, en Gonzalo de Berceo una variante que sintetisa, de cierta forma, este proceso. Menéndez Pidal, en su “Poesía Juglaresca y Orígenes de las Literaturas Románicas”, Madrid, 1957, escribe a propósito: “Aunque es común presentar la poesía romance de los clérigos como antagónica de la de los juglares, esta manera de ver no se ajusta a una exacta apreciación de las obras de inspiración clerical. La poesía romance de los clérigos no nace en son de guerra, ni mucho menos; Berceo siente humildemente de sí, pues, aunque clérigo, confiesa que no es bastante letrado para escribir la lengua de los doctos; sólo sabe algo de latín para entenderlo, y quiere entonces servir de intermediario entre la ciencia de los clérigos y la ignorancia del vulgo”, vulgo que, en contraste, comunmente se informaba de los sucesos ocurridos en tierras lejanas a través de juglares que iban de pueblo en pueblo recitando las glorias y desventuras de sus heroes.

Por cierto, la intención de Berceo era difundir materias eruditas y eclesiásticas entre un público que desconocía el latín; por tanto, debió adoptar estrategias retóricas que procurasen llamar la atención del oyente y facilitar la comprensión del relato. Para el público no letrado, el clérigo tenía que entretener y divertir usando voces populares, ejemplos e imágenes tomadas de la vida cotidiana. Por otra parte, Menéndez Pidal, aunque siendo certero en su juicio, no considera tal vez el factor oral. Vale decir, Berceo leía sus poemas en voz alta frente a los feligreses. La falta de códices y el analfabetismo mayoritario impedían, obviamente, la lectura privada e indivdual de sus manuscritos.

Con el advenimiento de la imprenta, los juglares comenzaron a perder protagonismo y la larga tradición oral, que implicaba la trasformación y apropiación de los relatos por parte de quien los narraba, llegó a su fin. Por ejemplo, poco menos de docientos años después Cervantes vio publicadas 17 ediciones de la primera parte de “El Ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha”, todo un éxito editorial que es auto referido en el pasaje del cura y el barbero de la segunda parte, publicada 10 años más tarde, poco más de un año antes de su muerte.

Pero el solo hecho de la aparición de la imprenta no es suficiente para explicar el cambio que ha ocurrido en dos siglos. Es imposible explicar en esta nota todos los factores que concurrieron para que esto fuese posible. Sin duda, variables económicas y sociales favorecieron el hecho de que el libro dejase de ser un objeto reservado a eruditos. Eso sí, una cosa es segura, el libro, salvo la capacidad de producción y la tipografía, no sufrió, en cuanto objeto físico, mayores cambios, por cuanto su democratización no dependió en ninguna forma de su formato.

Otra arista importante de este proceso -donde sí el formato pudo jugar un rol importante- es el surgimiento del periodismo. Es difícil señalar una fecha precisa para este hito. Para algunos surge de la mano con el Renacimiento italiano cuando en Venecia aparecen las gazzetas, en las cuales se daban noticias de los acontecimientos portuarios y comerciales, propiciando, a lo largo de toda Europa, que el uso de este tipo de publicaciones entrara en boga. Sin emabrgo, según Jean Pierre Kintz, historiador de Estrasburgo, el primer periódico del mundo fue impreso en 1605 (el mismo año del Quijote); se llamaba Relation, y su partida de nacimiento fue encontrada en los archivos municipales de Estrasburgo -antiguamente ciudad alemana- gracias al Museo Gutenberg de Magunciael. Otros indicios señalan que el primer periódico impreso se publicó en Alemania, en 1457 (17 años después de la aparición de la imprenta de Gutenberg), con el título de Nurenberg Zeitung y que para 1493, circularon por Europa varias ediciones de una hoja titulada Descubrimiento del Nuevo Mundo por Colón.

Sin duda, la historia del periodismo da para libros y libros, no obstante interesa reseñar que para los historiadores de Pau, la prensa puede servir para desentrañar y analizar los mecanismos del poder al aplicacar el esquema materialista en el que se superponen la superestructura, la estructura y la infraestructura. En este esquema de carácter mecanicista, cada nivel condiciona al superior. Por tanto, la esfera de lo inmaterial está determinada económicamente por la estructura de la sociedad. Esto hace que el bloque dominante sea el único capaz de hegemonizar el discurso ideológico. No sólo lo produce, sino que también lo hace hegemónico. Además de ese carácter mecanicista, el sistema posee retroalimentación, ya que la superestructura ayuda a perpetuar la estructura.

En el siglo XIX, a partir de la generalización de los medios de comunicación de masas, el bloque dominante tiene la posibilidad de infundir su propio discurso al resto de la estructura social. En defintiva, la prensa opera como un órgano de expresión de clase cuya función bien puede ser crear una ideología dominante subyagando cualquier otro tipo de discurso. Sendos ejemplos de esto pueden encontrarse en los periódicos que surgieron alrededor de los procesos de Independencia en toda Latinoamérica a comienzos del siglo XIX, muchos propiciados por los propios gobiernos independentistas.

Las tribus

Es obvio que desde Platón hasta nuestros días ha habido un avance importantísimo en cuanto a la cantidad de personas con acceso a información de diversa índole. Pero una cosa es tener acceso y otra distinta es qué calse de información es accesada y quién la produce. En este sentido es casi indiscutible que la blogósfera y el periodismo ciudadano marca un nuevo hito respecto de los flujos de información.

Así, el blog vendría siendo ese libro platónico que sí puede contestarle al lector de manera casi inmediata. De hecho, si lo pensamos bien, esta Biblioteca de Babel en que se ha transformado la Red no es más que un flujo de consultas y respuestas. No obstante, al igual que en el célebre cuento de Borges, hay un número no determinado de libros no consultados o perdidos, e igual cantidad de vólumenes que refutan a los primeros y otro tanto igual que los justifican. Nosotros, a su vez, somos los viajeros que buscamos la rosa o el rubí en el laberinto.

Y entonces tal como a comienzos del siglo XX surgieron las vanguardias en torno a ciertas ideas artísticas y estéticas, hoy podríamos hablar de tribus o de sectas que obedecen a ideologías que le son impuestas dependiendo de las estructuras sociales y económicas (que determinan a la vez su nivel de educación, su grado alfabetismo digital, sus preferencias estéticas, sus juicios morales, etc.) a las que pertenecen. De este modo, tenemos el discurso ipod, el discurso linux, el discuro yonkis, MSN y google, por citar tan solo algunos ejemplos.

En otras palabras, por si no queda del todo claro, el usuario promedio de MSN Spaces tiene muy poco que ver con el usuario promedio de un blog.com con Movable Type como getsor de contenidos. No quiero generalizar por completo, pero es muy probable que el primero sólo esté interesado en colgar sus fotos o videos familiares, mientras que el segundo preferirá escibir alguna nota relacionada con su nuevo y flamante gadget. Por lo mismo, llega a ser casi anecdótica la disputa zoofílica entre buhos y conejos entre bloggers que comparten una temática y, por ende, son parte de la misma tribu, a menos, claro está, que se esté dentro o fuera de la clase dominante. Es decir, si se busca hegemonizar un discurso o se perpetúa por inhercia.

Entonces, si para los historiadores de Pau la prensa tradicional opera como un órgano de expresión de clase que puede crear una ideología hegemónica subyagando cualquier otro tipo de discurso, la blogosfera solo sería distinta en cuanto a que ya no se trata de un sólo discurso, sino de múltiles discursos que coexisten en un territorio sin geografía conocida y donde el habitante de una tribu puede ser ruso, boliviano o chileno.

En definitiva, no creo que la blogosfera sea un fenómeno surgido de la nada, sino que obedece a un largo proceso en el que las mismas tribus de antaño distribuidas por el mundo se han reencontrado a través de esta gran autopista de la información llamada Intenet. Por otra parte, es cierto que tiene ventajas en comparación a los medios tradicionales, pero también es cierto que, al igual que para el juglar, lo más importante es tener algo que contar, porque de lo contrario, todo lo demás de diluye.

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